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miércoles, 20 de octubre de 2010

EL PASTOR- Adictos a la escritura


EL PASTOR


Aún no había amanecido en tierras manchegas. La suave brisa mecía las pámpanas de las vides. El canto de algún grillo se oía en la lejanía y un esplendoroso gallo entonaba su canción para invitar a la mañana a que se despertara.

Un picaporte sonó en la inmensidad de la noche. Bernabé salía de su casa preparado para un nuevo día de trabajo. Un día como otro cualquiera, porque en este oficio apenas había descanso, ni para él, ni para su señora “la” Dolores, con la cual había contraído matrimonio hacía ya muchos años, y le ayudaba con otros menesteres relacionados con el oficio como hacer queso y esquilar las ovejas.
Pero aunque no hubiera descanso, no le importaba. Llevaba ya muchos años en el oficio y había aprendido a matar el tiempo, así mientras contemplaba a su rebaño, él podía dedicarse a divagar, a imaginar, a crear.

Con faso firme y liberado de toda somnolencia, Bernabé se dirigió hacia el lugar dónde sus ovejas esperaban expectantes para salir a pastar, o eso le gustaba pensar a él. El lugar era un establo bastante grande, cubierto la mayor parte de él, excepto por el centro. En su parte derecha contaba con un cercado que ocupaba más de las dos terceras partes del establo. Allí estaba el rebaño y los pesebres. La otra parte del establo albergaba otro cercado dónde estaban las gallinas que ya se habían despertado con el canto del gallo, que también se hallaba allí. A su lado, unas jaulas con conejos destilaban un poco de mal olor.
Cuando Bernabé entró por la puerta lo saludaron unos ladridos, eran “Kira” y “Bobby”, sus perros pastores que cuidaban de que el rebaño se mantuviera unido mientras pastaba. El burro también saludó al pastor, aunque parecía que sus ojos aún mostraban sueño. Las ovejitas se apretujaban cerca de la puerta del cercado pues sabían que era la hora de marchar.
- Buenos días- saludó Bernabé con cierta dulzura- Nos vamos.
Y abrió las puertas para que las ovejas fueran saliendo poco a poco. Los perros ya estaban esperándolo en la calle, y él fue detrás de las ovejas agarrando con una mano la cuerda que colgaba en torno al cuello del burro, y con la otra mano, aferraba un cayado.
Comenzaron a andar. El pastor iba delante guiando a su rebaño, pero siempre atento a que ningún animal se apartará de la formación. Los perros ayudaban a ello, dando algún ladrido de vez en cuando y asustando a las pobres ovejas que volvían corriendo con sus compañeras.
Mientras avanzaban por los caminos pedregosos que aún conservaban las huellas de las ruedas de algún tractor que había pasado por allí la noche anterior, la mañana se iba despertando. Los primeros rayos de sol que aún no calentaban, les cegaban los ojos, y en el ambiente se respiraba un suave olor a despertar, a tierra mojada, a frescura. Bernabé respiró hondo, dejándose embriagar por el olor.

Bernabé y “la” Dolores habían tenido cinco hijos: de los cuales tan sólo dos eran varones. Los tres mayores habían marchado a la capital cuando eran muy jóvenes, y los más pequeños: un chico y una chica, se habían quedado en el pueblo, pero no querían hacerse cargo del oficio. Bernabé sintió como la melancolía recorría su cuerpo. Toda una vida dedicada a un oficio a extinguir y ni siquiera quedaría conciencia de ello en las generaciones venideras.
Llevaban ya más de una hora andando cuando encontraron un gran terreno en el que la ovejas podían pastar, cerca de allí pasaba la antigua Cañada Real.
Se sentó en un hito en la orilla del camino y allí observó a su rebaño. De repente, el fuerte galopar de un caballo se oyó acercándose. Poco a poco, se divisó en el horizonte. Debía de correr a gran velocidad pues levantaba grandes nubes de polvo. Un jinete con unas vestiduras extrañas que Bernabé no pudo reconocer, cabalgaba al animal. El jinete observó al rebaño que pacía a su derecha y se detuvo en seco cuando llegó a la altura del pastor. Se bajó de su montura, y adoptó una posición firme con la cabeza levantada. Sustrajo de su bolsa lo que parecía un pergamino, lo desenrolló y leyó en voz alta:
- Se hace saber, por orden de su majestad el rey Fernando XXI que todos los ciudadanos de este país están llamados a filas como consecuencia de la guerra librada contra Japón.
Bernabé estaba patidifuso. El caballero sin dar explicaciones y sin mirar al pastor se subió al caballo y se marchó. « Qué gente más extraña hay por estos lugares», pensó Bernabé.

Sin apenas transcurrir un par de minutos, el pastor empezó a oír un ruido extraño. Eran unos golpes intermitentes contra un objeto metalizado y el sonido de un motor entrecortado por dichos golpes. El paisaje empezó a oscurecerse y el sonido se hacía cada vez más intenso. Un objeto plateado inmenso y de forma redondeada surcaba los cielos, y dibujaba elipses por encima de Bernabé y del rebaño. Los perros comenzaron a ladrar, asustados. El objeto tenía unos rectángulos de color morado por toda la base, parecidos a ventanas.
Bernabé abrió la boca mientras se quedaba embelesado con el movimiento del objeto que sobrevolaba por encima de él. De repente, se oyó un estallido y el objeto volador salió succionado hacia arriba como cuando un globo de helio se pierde en la lejanía hasta ser un punto minúsculo para poco a poco desaparecer. «¡Qué día llevamos hoy!», exclamó Bernabé dentro de su mente.

Las tierras llenas de viñedos se extendían ante su vista. Un paisaje seco también podía tener su belleza. De vez en cuando, un olivar aparecía o algún campo de trigo. Pero gracias a este terreno llano se podía contemplar la fina línea del horizonte en toda su belleza. La puesta de sol estaba teniendo lugar y a Bernabé se le antojó preciosa. Un punto negro se vislumbraba en la puesta de sol. El pastor entrecerró los ojos para verlo mejor, pero no era una figura muy nítida. En breves momentos, ese punto negro estaba frente a él en forma de mujer. Era una mujer de avanzada edad, con el pelo canoso y la cara poblada de arrugas. Llevaba unas gafas enmendadas con celofán por el centro y uno de los cristales se encontraba bastante rayado. Sus ropas en tonos grises eran viejas y raídas. Sus manos agarraban un viejo carro de la compra que estaba lleno de numerosos enseres.
- Buenos días, ¿quiere usted comprarme unos pocos sueños?
Bernabé se había quedado sin habla, otra vez. Miró a la mujer con extrañeza.
- Buenos días, ¿quiere usted comprarme unos pocos sueños? – repitió la señora con insistencia.
- Perdone, pero creo que no le he entendido bien.
La mujer hizo una mueca y desapareció de repente.

El pastor se levantó y les hizo un gesto al rebaño y a los perros. Agarró al burro y volvieron al pueblo. Estaba oscureciendo.
«Hoy no ha tenido lugar ninguna buena creación. Espero que mañana vengan y se queden conmigo a charlar», pensó Bernabé.
Y la figura de aquel hombre con el rebaño se fue alejando de mi vista encaminándose hacia el pueblo. Vi cómo se marchaban. Pero cuándo aún se podían distinguir sus formas, desaparecieron de repente.

13 comentarios:

  1. MEtgaladriel... ha sido... filosofico, inspirador, distinto;D

    Lo he adorado, y lo digo en serio... ¿quien existe, Berbané o el Narrador? ¿Alguno en realidad lo hace?
    ¿Quien sueña con sueños, el Narrador, o Bernabé con sus ovejas?

    Ha sido muy diferente, y de verdad, me ha encantado:D

    Kisses

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  2. De acuerdo con Karol, me encantó el final, el quedarnos con la duda de quién era la creación de quién.

    Muy bueno.

    Besos!

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  3. Pues que me encantado. Desde la forma de narrar, la descripción y por supuesto la trama, que según iba leyendola se iban pasando miles de ideas por mi cabeza,hasta pense cuando oye el ruid que iva a aparecer un extraterrestre o algo así, ja, ja,
    Me ha gustado, en serio y el final GUAU....
    Felicitaciones amiga. Un saludo.

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  4. La introducción se me hizo un poco larga pero la idea de los sueños o visiones, y esa confusión entre lo real y la ensoñación fue genial.

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  5. El paisaje me ha resultado muy evocador, y me ha encantado, pero la verdad es que no he entendido desde el ruido metalizado en adelante, no ubico ese elemento con la guerra, ni el de la vendedora de sueños, ni el final, y esos párrafos los he leído dos veces, jajaja. Creo que hoy estoy dura de mollera, será mejor que lo vuelva a leer mañana a ver qué se me ha escapado xD

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  6. Qué bueno!!
    Al final me he quedado... no sé como decirlo, ¿rayada? ¿flipada?
    La narración está perfecta. Y la historia es muy muy original. Todas estáis siendo increíblemente originales y estoy disfrutando muchísimo de vuestros relatos!!
    Un saludo enorme.

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  7. Me has sorprendido con este relato, muy original. Coincido con Karol en las incognitas, ¿sueña el narrador a Bernabé o viceversa? ¿Sueña la escritora a ambos? Me gustan los relatos, que como este, cada cual puede sacar su propia conclusión.
    Gracias por compartirlo.

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  8. Lana los personajes que salen son simplemente fruto de la mente de Bernabé, él mientras sus ovejas pastan, él imagina personajes, y se esfuman porque no le salen bien, más o menos quiere decir eso, de ahí que no tengan mucha relación entre ellos..y bueno, no explico más que si no pierde la magia..

    Muchas gracias a todas!!
    Un besito

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  9. El principio se me ha hecho un poco pesado, pero luego me ha encantado, especialmente ese final tan rayante (¡está genial!).

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  10. Coincido con todas, en que ha sido muy original. Si no he entendido mal es algo así como que Bernabé se pone a dibujar los personajes en su mente y se emborronan cuando no le gusta el resultado y vuelve a intentarlo con otro. Ha estado genial.

    Un beso

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  11. ¡Ahh, claro! La pista está en la frase en la que se apena por no haber tenido ninguna buena creación. ¡Ahora sí! Jajaja, gracias por la aclaración, la verdad es que es un relato delicioso ;)

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  12. Precioso. El lugar me causa como nostalgia... ¡Y él me cae tan bien! Me asusté cuando creí que lo mandaban a la guerra, jeje. Ya luego entendí. O eso creo.
    Pero, difiero con Bernabé. La señora que vendía sueños no era tan mala creación.

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  13. Detrás de un personaje realista y cotidiano, encontramos una historia con matices realistas y surrealistas, debido a la imaginación de Bernabé.

    En fin, tu historia me encantó. Eres una gran escritora, Metgaladriel.

    Saludos Karuna ^^

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